domingo, 7 de febrero de 2010

Antonio Manrique: “Mi vida es Paz y Futuro”



El segundo de nueve hermanos, nacido en Lourdes (Norte de Santander), hijo de Domingo Manrique y Lastenia Torres, se crió en la finca de la abuela materna, donde ayudó a sembrar, recolectar y estar pendiente de los animales.

Se trata de José Antonio Manrique Torres, quien estudió hasta noveno grado en su ciudad natal, luego de vivir en un ambiente campestre y tranquilo, aunque con necesidades económicas.

Junto a su familia, abandonó el pueblo y se dirigió a Cúcuta para que el papá, quien “milagrosamente” aún vive, recibiera tratamiento tras padecer una mortal enfermedad. Instalado en la capital del departamento, terminó el bachillerato en el colegio Municipal y se graduó como abogado en la Universidad Libre.

En ocasiones, este hombre de elevada estatura, apasionado por el fútbol y el trabajo comunitario, añora la época en que podía desplazarse sin problemas por cualquier parte de la región, antes de que el conflicto volviera a la gente desconfiada.

Su primer trabajo fue como maestro en el alto de Bucarasica, donde inició su carrera docente frente a 70 estudiantes. Luego, laboró en diferentes localidades de Norte de Santander, como la vereda Campo Rico (Lourdes), los corregimientos Palmarito y El Carmen de Tonchalá, en Cúcuta. En total, unos cuatro años de actividad pedagógica en el sector rural.

Después fue trasladado a la escuela urbana de El Zulia y de allí, pasó a la escuela 38 de Atalaya. También se desempeñó como supervisor de educación.

Su pensamiento independiente lo llevó a rechazar un empleo en un banco, pues según él, este trabajo es esclavizante como conducir un carro.

Además Antonio Manrique, quien descartó la aspiración de ser sacerdote salesiano, fue Secretario de Educación Departamental y desde el 2001, preside la Corporación que fundada en 1993, presta diferentes servicios a la población menos favorecida.

¿Recuerda la primera clase que dictó?

Cuando me posesioné, le pregunté al alcalde en dónde quedaba la escuela y me dijo: en ese cerro que ve allá quieren un maestro, pero no hay escuela. Fue en la zona rural del alto de Bucarasica. El aula de clase era pequeña, un cuarto en el que antes almacenaban pieles de res.

¿Por qué estudió Derecho?

Porque me gusta tener libertad de expresión y de pensamiento, pues la matemática esclaviza, ya Pitágoras dijo cuánto era esto y esto. En cambio en el derecho se puede discernir y pensar diferente, porque nadie tiene la verdad revelada.

¿Cómo ingresó a la Secretaría de Educación Departamental?

En 1989, necesitaban a un maestro que fuera abogado y que manejara el concepto educativo y jurídico. Como me había acabado de graduar hace poco, entonces me vinculé a la Secretaría de Educación Departamental como asesor jurídico. Allí, además cumplí la labor de asesor educativo. Después, fui nombrado Secretario de Educación encargado del Departamento.

¿Tenía claro desarrollar una trayectoria en el sector educativo?

En la Edad Media Calvino dijo que el hombre nacía predestinado. ¡Será que tenía razón!. Yo era un maestro de escuela a mucho honor, cuando me reclutaron y tuve la fortuna de llegar a ser Secretario de Educación Departamental. En 1991, me volvieron a llamar para ser coordinador departamental de adultos. Cada momento ha ido llegando sin pensarlo.

¿Qué opina del sistema educativo colombiano?

Tiene muchas falencias. Por ejemplo, el manejo deficiente del idioma inglés. Por otra parte, aunque ha mejorado la estructura organizacional y algunas normas, el haber cambiado las jornadas ha sido desastroso, pues un niño se la pasa en la calle mientras los padres trabajan, al cuidado de la señora que hace el almuerzo y lava. Además, soy un crítico de los famosos megacolegios, en los cuales miles de estudiantes que están en la pobreza absoluta, son mal atendidos. ¿Cómo es posible que no cuenten ni con baterías sanitarias en buen estado? La educación se está privatizando. Si fuera Secretario de Educación, acabaría los colegios del centro y los ubicaría en barrios de la periferia, pues la mayoría de los estudiantes residen en esos sectores.

¿Qué tan religiosos es?

Soy religioso ciento por ciento, católico más no sectario religioso. Soy ecuménico, pienso que al reino de los cielos llegamos todos por diferentes caminos. Profeso mi religión. La Corporación Paz y Futuro es una asociación privada de fieles, según el derecho canónico, una célula de la iglesia de base reconocida por la Diócesis.

¿Cómo ha sido su relación con el deporte?

Hay dos cosas que admiro, los deportistas y la parte cultural de la danza. Soy un futbolista frustrado. En el deporte los jóvenes aprovechan ese tiempo libre, manejan su salud y recreación. Hace pocos años fui presidente del Club General Santander y tuve un paso fugaz en la Junta Directiva del Cúcuta Deportivo, del que tengo un ingrato recuerdo, pues le dije la verdad a la gente, se disgustaron y me entendieron mal. Manifesté que económicamente hablando, era un equipo de media tabla, pero me equivoqué, es un equipo ‘pichurro’. Aunque soy hincha del Cúcuta desde 1970, deportivamente puede ser campeón, pero financieramente no podemos compararlo con otros.

¿Qué opina de Cúcuta?

A Cúcuta la quiero mucho, aquí me bautizaron. Cada vez que tengo la oportunidad de salir, regreso más enamorado de esta ciudad. Acá se vive bien, aunque me molesta un poco el calor. Pero lo demás, la gente es divertida, el comercio, todo es diferente al resto del país a pesar de tener muchos problemas. La violencia que hemos vivido en los últimos años, ha hecho que una gran cantidad de gente se haya ido a los barrios periféricos. Trabajamos en ese cinturón de miseria, donde la pobreza es extrema y no hay estrato uno, sino cero. Donde llega el agua una vez al mes y se construyen casas de cartón. La ciudad es acogedora, pero con males insolubles como el de la malla vial.

¿Qué opina del papel de las oenegés en Colombia?

El problema de algunas oenegés es que se han politizado y deben es prestar un servicio social. Como organizaciones privadas sin ánimo de lucro, no podemos estar en ese sectarismo político o religioso, ni involucrarnos en el conflicto del país, porque nos interesan son todos los ciudadanos. Nuestra razón de ser son los pobres.

¿Cómo llegó a Paz y Futuro?

Me encontré al padre Arturo Zárate trabajando en proyectos sociales. Él tenia la idea de hacer una obra diferente, entonces le dije que fundáramos una corporación civil. De esta manera, nos reunimos un grupo de personas y nació la Corporación Paz y Futuro, el 8 de septiembre de 1993.

¿Cuál es la función de la Corporación?

Prestar un servicio a los más pobres. En este momento administramos un solo colegio, por las mismas normas del gobierno. Es el Julio Pérez Ferrero con cuatro sedes en Cundinamarca, San Miguel, Nuevo Horizonte y Simón Bolívar, y tenemos otros asociados que son: Juan Pablo Primero de Atalaya, Carlos Ramírez París de Antonia Santos y Pastrana de San Mateo. Hemos logrado que el gobierno español nos ayude con una cantidad de talleres, para enseñar artes y oficios. En la Corporación trabajamos para formar una sociedad justa y en paz.

¿Qué tan importante es la educación para una sociedad?

La educación es el pilar fundamental de la sociedad, si nosotros no educamos al pueblo, qué podemos esperar. Cuestiono siempre que los maestros y curas tenemos una responsabilidad grande por lo que pasa en el país, porque no hemos sabido formar a nuestros gobernantes.

¿En Cúcuta hay discriminación social?

Sí, aquí hay una minoría que ocupa un nivel de estrato alto, y una inmensa mayoría que está en la pobreza absoluta.

Durante ese contacto con comunidades, ¿cuál ha sido el momento más satisfactorio?

Hay dos barrios en Cúcuta que adoro, Cundinamarca que nos recibió cuando llegamos, y el barrio Antonia Santos. En cierta ocasión, compramos un terreno donde están los talleres, en la sede campestre a un kilómetro fuera de la ciudad. Con ayuda de la comunidad, sacamos el agua un primero de mayo en dos horas y se abrió una zanja para instalar la manguera. También tuvimos que trazar la vía. Estas son comunidades trabajadoras y comprometidas que han asimilado los procesos.

¿Habrá paz en Colombia algún día, y cómo ve el futuro de este país?

El futuro depende mucho de que podamos construir una sociedad en paz. Esto es muy difícil porque hay muchos intereses de por medio, pero algún día tendremos que llegar a eso. Como dice el himno del departamento, “la paz es nuestro empeño, la guerra nuestro sueño”. Eso implica unas reformas estructurales de fondo del Estado. Tampoco es pasarnos a unos extremos del socialismo o el capitalismo salvaje, tenemos que buscar un modelo intermedio.

¿Qué le molesta?

La deslealtad e ingratitud. Un amigo decía que hay tres clases de ingratos: los que se olvidan que han recibido un favor, los que niegan que han recibido el favor y los que atacan a quienes les han hecho favores.

¿Qué proyectos tiene?

Mi vida es Paz y Futuro. Como soy maestro jubilado aquí no me pagan sueldo, no he visto entierros con trasteo. Seguiré consolidando la parte deportiva, ayudar a jóvenes del patinaje y a futbolistas aficionados. Aprovecho para recalcar que Paz y Futuro jamás ha regalado un peso al Cúcuta Deportivo, porque ese es un negocio particular y profesional de unos pocos. Queremos también seguir manejando la parte de agroindustria, con proyectos en Chinácota, Antonia Santos y con la Diócesis de Cúcuta. La gran reinversión de Paz y Futuro es que podamos generar empleo, porque es desesperante la angustia de la gente. Cada vez que puedo conseguirle empleo a una persona, esa noche duermo plácido.


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